Para dueños de terreno

Qué hacer cuando se hereda un terreno entre varios hermanos

El problema casi nunca es el terreno. Es que nadie quiere firmar primero, todos quieren opinar y nadie quiere administrar algo que no produce.

La llamada llega un martes. Uno de los hermanos vio un letrero de "se vende" clavado en la barda del terreno que su padre dejó hace tres años, y el número del letrero no es el de la familia. La pregunta que sigue a esa llamada es la misma que escuchamos una y otra vez en nuestra mesa: ¿qué hacemos con esto?

Un terreno heredado entre varios hermanos es una de las situaciones más comunes y menos resueltas del patrimonio mexicano. La mayoría de los casos empiezan con un "después vemos" que dura cinco, diez, veinte años. Y cuando alguien por fin toma la iniciativa, descubre que mientras el tiempo pasaba, el terreno siguió pagando predial, siguió sin generar nada y, sobre todo, siguió acumulando lo más caro de todo: las diferencias entre los hermanos.

Este artículo no va a resolverle su caso particular. Lo que sí va a hacer es ordenarle las cinco rutas que existen cuando un terreno está en copropiedad familiar, qué considera cada una, y por qué algunas se eligen más de lo que deberían.

Por qué un terreno heredado se vuelve un problema, no un patrimonio

Cuando una persona compra un terreno a su nombre, las decisiones son suyas: cuándo vende, a quién llama, qué precio pide. Cuando ese terreno pasa a tres, cuatro o cinco hermanos por una sucesión, la decisión deja de ser de alguien. Pasa a ser de todos. Y todos, casi siempre, están en una combinación distinta de estas cinco situaciones:

  • Uno quiere vender ya, porque necesita el dinero o porque simplemente no quiere el problema.
  • Otro no quiere vender nunca, porque tiene un apego emocional al lugar o porque cree que va a valer más.
  • Hay un tercero que no contesta el teléfono cuando se habla del tema.
  • El cuarto vive en otra ciudad y dice "lo que ustedes decidan".
  • El quinto trabaja en algo distinto a bienes raíces y no entiende por qué no se puede vender "así nomás".

El resultado es predecible: el terreno se queda parado. Pasan los años. Pasa el predial. Pasan las oportunidades. Y cuando por fin alguien se atreve a moverlo, lo primero que aparece es un comprador con una oferta baja que apura, o un corredor que ofrece el 60% del valor real "porque así es el mercado".

Un terreno heredado que no se mueve durante una década no es patrimonio: es un gasto disfrazado de herencia.

Nota editorial · Grupo CISA

Las cinco rutas que existen (y por qué la mayoría se queda en las dos primeras)

Cuando los hermanos se sientan a hablar, las opciones que aparecen son estas. Las ordenamos por las que la gente suele elegir primero, no por las que mejor funcionan.

1. Vender entre todos al primer comprador que aparezca

Es la ruta más rápida. Llega un comprador, ofrece un precio, se firma. Cada quien recibe su parte y el tema se cierra. ¿Por qué no la recomendamos casi nunca? Porque cuando un terreno se vende "porque ya urge", casi siempre se vende por debajo de lo que vale. El comprador lo sabe. La familia, presionada por el tiempo y por el predial, no tiene cómo saberlo. El resultado: un patrimonio que se repartió en seis cheques y se gastó en tres meses, mientras el terreno termina desarrollado por alguien más, con la plusvalía que no se quedó en la familia.

Si va a tomar esta ruta, hágalo con orden: una revisión de uso de suelo, un avalúo con dos peritos independientes y un plazo mínimo de 90 días para recibir ofertas. Si una sola de esas tres cosas no se hace, la decisión se está tomando a ciegas.

2. Dejarlo así indefinidamente

La ruta del "después vemos". No es una decisión, es la ausencia de una. Y tiene un costo real: predial anual, riesgo de invasiones o de problemas con la colindancia, costo de oportunidad del capital, y lo que es peor, deterioro de las relaciones entre los hermanos. En años de trabajar con terrenos, los casos más tristes no son los que se vendieron mal. Son los que se dejaron pudrir durante quince años hasta que una herencia se convirtió en un juicio.

3. Aportarlo a un desarrollo bajo una figura jurídica formal

Esta es la ruta que pocos conocen. Consiste en que la familia, junta, aporta el terreno a un proyecto que un desarrollador estructura bajo una figura legal con reglas escritas. A cambio, el terreno se desarrolla y la familia recibe metros construidos terminados y, en la mayoría de los esquemas, una participación en los resultados del proyecto.

¿Por qué funciona para predios en copropiedad? Porque convierte un problema de "no nos ponemos de acuerdo" en una decisión documentada. Cada quien sabe qué recibe, cuándo lo recibe y bajo qué condiciones. El desarrollador se encarga de los permisos, la construcción, la comercialización y la entrega. La familia no pone dinero, no firma como garante y no tiene que administrar obra.

Es, en la práctica, lo que más recomendamos en la página de aportación de terreno, y por una razón: es la única ruta en la que el terreno se queda en la familia, pero el problema administrativo sale de la familia. Si quiere saber si su terreno aplica para algo así, una precalificación inicial se la dice.

4. Uno compra la parte de los demás

Si hay un hermano con capacidad económica y los demás quieren salir, esta ruta tiene sentido. Requiere un avalúo justo, un notario que formalice la compraventa de las porciones y, sobre todo, que ese precio se pague. El problema típico: cuando no se hace con un avalúo externo, el precio que paga el hermano que se queda casi siempre termina en una discusión cinco años después.

5. Donarlo o dejarlo en un fideicomiso familiar

Es la ruta menos común. Útil cuando nadie necesita el dinero y lo que se busca es mantener el patrimonio para la siguiente generación. Requiere un notario, un banco fiduciario y un administrador del fideicomiso. No es barata ni rápida, pero para familias con patrimonio relevante resuelve el problema de manera definitiva.

Tres preguntas que se tienen que hacer antes de elegir una ruta

No hay una respuesta universal. Lo que sí hay son tres preguntas que ordenan la conversación entre los hermanos. Si las tres se responden, la decisión sale sola.

¿Alguno de ustedes necesita el dinero en los próximos 24 meses? Si la respuesta es sí, vender probablemente no puede esperar, pero conviene hacerlo con método. Si la respuesta es no, las rutas 3 y 5 se vuelven más interesantes que la 1.

¿El terreno tiene potencial de desarrollo o es solo un lote para quien quiera construir una casa? Si no sabe la respuesta, este es el momento de averiguarlo. Le explicamos qué puntos revisa un desarrollador cuando evalúa un predio. Si tres de los once están, vale la pena revisarlo en serio. Si ninguno está, la venta simple es probablemente la ruta correcta.

¿Todos los hermanos están dispuestos a firmar un documento? En copropiedad, las decisiones se toman con firmas, no con acuerdos verbales. Si alguno no está dispuesto a firmar lo que sea, elijan una ruta que no dependa de la voluntad permanente de los cinco.

Lo que no debe hacer

Hay decisiones que parecen razonables y que complican todo. Le mencionamos las tres que más vemos.

No firme la sucesión en copropiedad si no sabe qué van a hacer con el terreno. La sucesión es un instrumento legal, no una decisión de negocio. Tener la escritura al día es indispensable, pero firmar la sucesión sin un plan es firmar un problema con sello notarial.

No le dé poder para vender a un solo hermano sin el acuerdo escrito de los demás. "Tú vendes y nos repartimos" es la frase que más litigios ha generado. Si se hace, que sea con un poder especial firmado ante notario, con un precio mínimo y un plazo definido.

No espere a que el mercado "suba más". Nadie puede predecir el mercado inmobiliario. Lo que sí puede predecir es el costo de mantener un terreno parado otros cinco años: predial, riesgo, conflictos familiares, costo de oportunidad. La decisión se toma con la información disponible hoy, no con la esperanza de una información futura.

Vender un terreno es una operación. Desarrollarlo, un negocio. Heredarlo entre varios es, antes que nada, una decisión familiar que conviene formalizar antes que el mercado los apure.

Eje de comunicación · Grupo CISA

El siguiente paso, en orden

Si llegó hasta aquí, probablemente su caso se parece al de la llamada del inicio: un terreno heredado, varios hermanos, ninguna decisión tomada. Lo que sigue, en este orden, es lo que funciona.

Primero, una precalificación inicial. Le preguntamos municipio, superficie aproximada y situación jurídica. Nada más. Con eso le decimos si el terreno entra en el perfil que Grupo CISA desarrolla. Segundo, una conversación con la familia, ya con esa respuesta. Tercero, la decisión.

Si prefiere hablar primero con una persona, escríbanos por WhatsApp o llámenos. No vamos a venderle nada. Vamos a decirle, con la información disponible, qué opciones tiene. A partir de ahí, decide usted y su familia.

Vender un terreno es una operación. Desarrollarlo, un negocio.

Eje de comunicación · Grupo CISA